La justicia en España. Sin sensacionalismos.


Hoy toca, de nuevo, una entrada no literaria en el blog. Ya sé que parece una excusa para completar mis entradas habituales: Tiene algo de cierto, he tenido mucha lectura de trabajo y no he podido leer toda la novela que me gustaría, pero por otra parte, la realidad nos arrolla, no he podido remediarlo.

En estas semanas, todo ha sido una especie de despropósito acerca de la Justicia en España. Varios casos notables que han hecho que se recupere esa inevitable sensación de que la Justicia no es ciega y que todos no somos iguales ante la Ley.

No puedo olvidar que soy abogado. Es mi formación y aunque apenas, de lejos, mi profesión. Y me encanta esa capacidad que tenemos de llegar a conclusiones diversas sobre unos mismos hechos e iguales fundamentos de Derecho.

Tres comentarios al asunto: Sólo uno mío.

Del primero no sé el autor. Lo leí el pasado lunes y no he sido capaz de volver a encontrarlo. No será difícil y probablemente será un manifestación relativamente conocida pero me parece brillante:

“La Ley y la Justicia sí son iguales para todos, las sentencias, no.” Sencillo, claro y muy cierto.

El segundo lo tomo de un autor indiscutible. Leído en el libro anteriormente reseñado. Es el famoso Soneto LXVI de Shakespeare:

“De todo esto cansado, pido el mortal descanso,
al ver nacer mendigo aquel de mayor mérito,
y la enclenque torpeza, ornada alegremente,
y la fe más sincera, vilmente traicionada

y el honor refulgente, donado innoblemente,
y la casta virtud, forzada a ser buscona,
y recta perfección, afrentada con saña,
y fuerza mutilada, por el poder corrupto

y el arte amordazado, con toda autoridad,
y la docta locura, oprimir al talento,
y la honradez sencilla, mal llamada simpleza,
y al Bien que cautivado, sirve al Mal, su Señor.

Cansado de estas cosas, quiero dejar el mundo,
salvo que por morir, dejo solo a mi amor.”

Nada que añadir, ni comentar. Sólo que no vale irse…

El tercero es mi reflexión personal: La Justicia, con mayúsculas, no tiene nada que ver con esta especie de estado de irreflexión permanente que nos acontece. Nada se piensa, todo vale lo que su difusión alcanza, no hay análisis, ni contraste, sólo la “postverdad”, la burda manipulación de la verdad.

Indudablemente debemos demandar un mayor estado de madurez, de democracia, de Estado de Derecho, de reconocer el valor del pensamiento, el resto es demagogia, populismos y actuaciones que no llevan a nada positivo. Y los medios no son irrelevantes en este proceso.

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Un comentario en “La justicia en España. Sin sensacionalismos.

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